catarsis

MARTES 15 DE MARZO.

Confieso que hay momentos en que me siento solo. Siento que nadie me ve, que nadie me saluda, y si me miran me confundirán con otro. Trato de no incomodar  a la gente, y busco en un café una mesa apartada, me acomodo en el asiento como un autómata, pero nadie me mira. Quizá sí, la mesera se da cuenta de mi presencia cundo alzo la mano y un tinto. Esta es la soledad: mi voz ya la extraño, pues poco hablo; en mi pecho, a veces por sorpresa, el corazón me comienza a palpitar apresuradamente (al menos me doy cuenta de que estoy vivo); me adentro en mis pensamientos, así duro horas y horas, incluso se puede pasar la hora del almuerzo y sigo atornillado al asiento, sintiendo el aroma del café, o leyendo algún libro que siempre llevo bajo el brazo. Trato, mientras escribo, de hacerme un análisis grafólogico, pero no recuerdo los patrones de estudio, ni el significado de algunos rasgos trazados por mi mano, solo sé que cada vez, cada época de mi vida mi escritura ha cambiado, pareciera que estuviera degenerándome. Pienso que necesito ayuda, pero considero que es algo pasajero que la actitud debe nacer desde el génesis de mi mente, que yo tengo la respuesta dentro de mí… pero aun no la encuentro. Sé que sufro de nervios, o que hay situaciones en las que me siento incomodo, como no encontrar un tema de conversación con otra persona o que me pregunten algo que no se responder, o que se la respuesta pero no la encuentro dentro de mí, y cuando eso ocurre me muerdo los nudillos de mis pulgares, liberando mi nerviosismo a través de los mordiscos.

He perdido ciertos rasgos sociales, como el habla o la capacidad de réplica. Con las mujeres he perdido el don de entablar una conversación o ser detallista (no es que me haya vuelto marica). Hace unos días estoy llegando a la conclusión que debo enamorarme de nuevo, y de otra mujer, pero sin perjudicar a la mujer con la que llevo una relación. Es difícil. En la calle cuando veo pasar una muchacha simpática, pienso que esa belleza y esas cotidianidades de la conquista me hacen falta. Pero con esto concluyo que mi quietud es asombrosa, que o tengo un detonante, que ando cojo o que estoy estancado en un mundo donde soy el rey y leo eternamente. Desde allí soy dios, creador de personajes y dador de vida de una novela de Carpentier o de Saramago.

Ah! Se me olvidaba, últimamente estoy hablando solo. Sea porque no quiero saludar  algún pesado, o porque necesito hablar conmigo mismo, acerco el celular a mi oído y me hago el que estoy hablando con otra persona. Temo que estoy creando otro yo, al cual le reprocho y le pregunto dónde está y que hace aquí. Hasta me doy consejos, más me preocupa estar hablando solo, con el celular, y en medio de la calle.

Ahora, cuando salgo de casa, o del café o de un lugar cualquiera, tengo miedo de estar en la calle porque sencillamente no se qué camino tomar. Confieso que me ha sucedido, estando en la calle, me detengo intempestivamente y me quedo pensando en la próxima ruta. Es como si yo tuviese un plan, o una idea pero no logro recordarla, y la mente se la pasa obligadamente a recordar que tengo que hacer o que dejé olvidado y debería hacer.

 

Tunja, en un café a mediodía.

 

 

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